¿Y si todo lo que medimos no sirviera para lo que importa?

La primera evaluación de calidad pregunta si el curso gustó, si el formador explicó bien, si hubo buen ambiente…
Pero, ¿damos un paso más allá? Es decir, ¿preguntamos luego si algo ha cambiado?
Si tras la formación hay más ventas, menos errores, más eficiencia, menos rotación o más innovación.
Y sin ese eco… ¿para qué sirve el esfuerzo?

La evaluación de impacto es, todavía hoy, la gran ausente en la formación programada por las empresas. Y sin embargo, debería ser su brújula estratégica. Me apoyo en estudios rigurosos al respecto que citaré.

1. ¿Qué es realmente la evaluación de impacto? (Y qué no lo es)

La evaluación de impacto no es preguntar si “les gustó”. Es medir si sirvió. Si cumplió con los objetivos marcados.

Como bien sintetiza Fátima Romera Hiniesta (Univ. de Sevilla), la evaluación de impacto responde a una pregunta clara:
“¿Qué mejoras reales se han producido en la empresa tras la formación?”

Esto se alinea con los modelos más avanzados de evaluación (Kirkpatrick, Phillips, Chang, Grotelueschen,…), que señalan el nivel donde se detecta el impacto organizacional real.

2. Un modelo mental: la formación como eco

Imagina que una acción formativa es un grito lanzado en una montaña.
La encuesta de satisfacción es solo el aplauso inmediato.
Pero el impacto real es el eco que vuelve… y cuánto dura.

Si no medimos ese eco, solo hemos escuchado el aplauso. Y eso, para una organización que quiere mejorar, no basta.

3. Lo que dicen los estudios: impactar no es automático

De los estudios analizados se extraen lecciones de peso:
– La formación no siempre produce impacto si no está bien diseñada, alineada con objetivos de puesto y seguida por procesos de refuerzo.
– En el caso español (Evaluación Fundae), se comprueba que el retorno efectivo (empleabilidad, cualificación, inserción) se logra solo si la acción está bien orientada a competencias clave, se produce transferencia al puesto de trabajo y existe seguimiento posterior.
– En Hispanoamérica, se muestra que el impacto real solo se capta si se tienen en cuenta factores sociales, culturales y emocionales del entorno del trabajador.

Es decir: no basta con enseñar. Hay que transformar, medir y sostener esa transformación.

Informe FUNDAE 2022: ¿Qué aporta de nuevo?

FUNDAE publicó en 2024 los resultados de la “Evaluación de la eficacia, calidad e impacto de las iniciativas de ayuda a la formación programada por las empresas y los Permisos Individuales de Formación (ejercicio 2022)”, elaborada por KSNET. Este documento presenta un análisis estructurado y basado en metodologías mixtas rigurosas.

Aportaciones clave:
– Uso de una métrica de indicadores sintéticos (hasta 6 niveles) que permiten evaluar eficacia, eficiencia e impacto de forma homogénea y comparable entre ejercicios.
– Se constata que la formación programada por empresas tiene un impacto positivo en productividad, competitividad y desempeño profesional, con un cumplimiento medio del 63–67 % respecto al potencial máximo.
– Introducción de objetivos estratégicos como la economía circular en la evaluación, lo que permite valorar la adecuación de la formación a desafíos emergentes.

Esto refuerza que:
– La formación programada aporta impacto real.
– Pero también evidencia que hay margen para diseñarla con más eficacia y reforzar su alineación con los objetivos estratégicos de cada organización.

Evidencia institucional: lo que confirma un estudio universitario en la UCM

Un análisis de la Universidad Complutense de Madrid realizado en 2017 sobre la eficacia de la formación en la Administración Pública reveló lo siguiente:

  • Basado en encuestas a 1.475 empleados en 69 acciones formativas, usó instrumentos validados (CdE y FET) para medir la transferencia del aprendizaje al puesto de trabajo.

  • Los factores que más favorecen esta transferencia son:

    • la alineación de contenidos con las necesidades reales del puesto,

    • el apoyo del entorno laboral,

    • y la existencia de redes profesionales interdepartamentales.

  • En cambio, características estructurales como duración o tamaño del curso no influyen significativamente en los cambios conductuales.

Esta evidencia institucional fortalece el modelo Ruta del Impacto Formativo del blog: identificar indicadores claves, medir cambios relevantes y basarlos en evidencias realistas del entorno profesional.

Evidencia aplicada en PYMEs: modelo MEIF (UCM, 2017)

Una tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid ofrece una evidencia directa sobre el impacto de la formación programada en el entorno laboral real de PYMEs. El estudio de Beatriz de la Riva Picatoste (2017) presenta el modelo MEIF -Modelo de Evaluación del Impacto de la Formación- y concluye que:

  • La mayoría de evaluaciones se quedan en los niveles 1 y 2 (satisfacción y aprendizaje), sin medir transferencia o impacto económico.

  • El modelo MEIF permite a las PYMEs medir la transferencia al puesto de trabajo y traducir el impacto en datos monetarios, con herramientas sencillas y autogestionables.

  • Este enfoque fortalece la propuesta de trazabilidad del impacto formativo, aportando validez y aplicabilidad real en empresas con estructura pequeña o mediana.

4. El sesgo cómodo: confundir evaluación de impacto con grado de satisfacción

En muchos centros de formación aún se confunde evaluación con:
– aplicar una encuesta tipo “¿le ha parecido útil el curso?”,
– o pedir al formador/tutor que anote “muy participativo”.

Esto responde a un sesgo muy común: el sesgo de cumplimiento, no de transformación. Ya deberíamos estar a otro nivel.

5. Propuesta práctica: mini kit de Evaluación de Impacto para formación bonificada

Aquí propongo un modelo operativo que puedes usar si eres un centro de formación, una consultora o un departamento de los otrora Recursos Humanos y hoy Capital Humano o Gestión del Talento):

Trazabilidad del Impacto Formativo:
I – Identifica el indicador clave
C – Compara el comportamiento tras la formación
E – Evidencia el cambio con datos y testimonios

Bonus: Ofrece un informe de impacto a tu cliente al finalizar ciclo: genera fidelidad, justifica ROI, y te diferencia de la competencia.

6. ¿Y qué hace FUNDAE al respecto? ¿Importa esto para bonificar?

FUNDAE no exige a las empresas evaluar impacto en términos estratégicos o económicos. Pero la normativa deja clara la necesidad de garantizar la calidad, eficacia y adecuación de la formación (RD 694/2017, art. 2.2)

En este contexto, medir impacto es una forma de anticiparse a inspecciones y demostrar que la formación no es decorativa, sino transformadora. Calidad es impacto. Y FUNDAE (como no podría ser de otro modo) quiere calidad.

Además:
– Fortalece la imagen del centro como consultor de valor, no solo proveedor de cursos. O del departamento de formación en medianas o grandes empresas.
– Prepara el terreno para futuras mejoras normativas: las convocatorias más avanzadas ya lo están integrando.

Conclusión: sin impacto, la formación es espuma

La evaluación de impacto no es un lujo académico.
Es la única manera de saber si el puente que hemos construido… conduce a alguna parte.

Como mentor y consultor con muchos años de experiencia, lo afirmo con claridad: es hora de que la formación programada/bonificada se evalúe por sus frutos y como inversión, no como trámite.
Y eso comienza con una decisión: medir lo que importa, no solo lo que se puede contar.

¿Te gustaría implementar esta evaluación de impacto en tu empresa o centro?

Ponte en contacto con nosotros. En ABADÍA Consultora de formación podemos ayudarte a diseñar:
– Plantillas de evaluación
– Encuestas de impacto
– Informes estratégicos para dirección
– Y formación interna para equipos de RRHH sobre evaluación de impacto.

José María Jerez, consultor24@gmail.com 664 493 030
Raquel González, r.abadiaconsultor@gmail.com 667 200 398

 

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