
La mayoría de problemas de calidad en una acción formativa no aparecen en el aula. Nacen mucho antes: en el momento en que se decide qué se va a hacer, para quién y con qué objetivo.
Si esa parte se improvisa, luego da igual lo bien que rellenemos las hojas de firma: lo que no está bien concebido, es difícil que funcione.
1. La formación no se improvisa
Primer filtro de calidad:
– ¿De dónde sale esta acción?
Hay respuestas peligrosas:
– “Es un curso que se lleva mucho”.
– “Lo vi en un catálogo y parecía interesante”.
– “Nos lo ofrecieron y tenía buena pinta”.
Nada de eso prueba que la empresa lo necesite. La calidad empieza cuando puedes enseñar, aunque sea en una hoja, este pequeño guion:
1. Problema o reto detectado.
2. Colectivo afectado.
3. Qué se espera mejorar con la formación.
Puede ser algo tan sencillo como:
“En el último trimestre han aumentado las reclamaciones por errores en la emisión de facturas. Afecta al equipo de administración. Queremos reducir esos errores en un X % mediante una formación específica en el procedimiento correcto”.
No hace falta un tratado. Hace falta un vínculo claro entre un problema real y la formación propuesta.
2. Objetivos y contenidos: o van de la mano, o todo es humo
Una vez vista la necesidad, el siguiente paso de calidad es alinear objetivos y contenidos.
– Objetivos: lo que se quiere conseguir.
– Contenidos: lo que se va a trabajar para conseguirlo.
Si los objetivos hablan de mejorar habilidades de venta, pero el contenido es una sucesión de definiciones sobre “qué es el marketing”, tenemos un problema.
Si el objetivo dice “aplicar el nuevo procedimiento X”, pero el curso se dedica a hablar de la historia del sector, también.
Un buen test es el siguiente:
– Quita el título del curso.
– Lee solo objetivos y contenidos.
– Pregúntate: “¿Se adivina de qué problema de la empresa estamos hablando y qué va a cambiar?”
Si la respuesta es “no se ve claro”, no hay calidad de diseño. Y lo que no tiene calidad de diseño, será muy difícil que tenga calidad de resultados.
3. Duración y modalidad: decisiones con impacto
Otro punto clave: horas y modalidad.
– ¿Cuántas horas hacen falta, de verdad, para conseguir esos objetivos?
– ¿Tiene sentido hacerlo presencial, en aula virtual, en teleformación o en mixto?
A veces se ajusta el número de horas al módulo económico, al hueco en la agenda o al presupuesto… y luego nos extraña que el curso no logre lo que prometía.
La duración y la modalidad son parte de la calidad. Si quieres que alguien aprenda a manejar una herramienta compleja, quizá no baste con dos sesiones de dos horas. Y si quieres cambiar prácticas de atención al cliente, igual necesitas algo más que una teleformación “de andar por casa”.
4. El formador: primer filtro de credibilidad
La elección del formador no es un trámite, es una decisión de calidad.
Un auditor serio se hará esta pregunta:
– “¿Esta persona está en condiciones de acompañar a este grupo en este contenido?”
Y ahí, más que títulos llamativos, pesa:
– la experiencia real en la materia de estudio,
– la capacidad de aterrizar los conceptos en la realidad de la empresa,
– la habilidad para generar aprendizaje y no solo exposición.
Un CV claro, bien orientado al tema, con ejemplos de proyectos o responsabilidades conectadas con el curso, vale mucho más que una lista de másteres inconexos. Si ni tú mismo puedes explicar por qué has escogido a ese formador para ese curso, la calidad ya cojea. ¿Cómo vas a contar con un formador del cual no tengas, previamente, su CV y sus acreditaciones y experiencia?
5. Primera conclusión: la calidad se decide antes de entrar en el aula
Si juntamos todo lo anterior:
– necesidad clara y escrita,
– objetivos y contenidos que se miran a la cara,
– horas y modalidad sensatas,
– formador elegido con criterio,
ya tienes medio camino hecho. Lo que venga después (trazabilidad, evaluación, impacto) se construye sobre esa base.
En la siguiente entrada nos meteremos dentro del curso: cómo dejar rastro de lo que ocurre en el aula (presencial o virtual) y cómo demostrar que, más allá de la asistencia, hay aprendizaje real.
P.D. Esta es la segunda entrega de cinco: acceda a la primera aquí:
