El número 1

el número 1

Todo experto en una materia concreta aspira a ser el número 1 en su especialidad. Legítima aspiración (y necesaria) y propósito apropiado hoy, cuando un nuevo año inicia su andadura. La formación de demanda bonificada experimentó un cambio importante a partir de marzo de 2015. Transformación previsible a tenor del agotamiento del propio método, de las disfunciones detectadas y de ciertos abusos de “paracaidistas” que no tenían nada que ver con la formación pero que accedieron al sistema con el objeto único de medrar tomando la formación como excusa. Esto lo vivimos en primera persona quienes lo que tiene haber sido protagonista del devenir de la formación bonificada desde sus inicios.

Lo que vino después ya lo conocemos: al extender una tupida red para atrapar a los indeseables (y de acuerdo con la máxima de pagar justos por pecadores) se hizo la vida imposible a quienes gestionaban formación correctamente y prestaban un servicio cierto a sus clientes y a la sociedad. Daños colaterales que se podrían haber evitado. Seguramente se pretendió (y en esas puede que estemos todavía) prescindir de las entidades organizadoras a las que tanto se les debe (descontadas las excepciones) en la difusión del sistema de la formación en el ámbito laboral. La deuda está pendiente. ¿Veremos algún día reconocida la función de las entidades organizadoras?

Me dedico a la formación desde hace más de 30 años. Y como experto de la formación bonificada desde sus inicios y desde cuatro perspectivas: como formador, como consultor, como auditor y como gestor. He transitado todo el itinerario completo y, por lo tanto, conozco bien el sistema. Conozco su arquitectura, sus puntos críticos, sus fortalezas y sus debilidades; y, también las oportunidades que representa para las empresas.

Cuando empezaron a llegar las dificultades se constató que en mi sector también había paracaidistas que abandonaron el barco a poco que las cosas se pusieron difíciles. O dejaron de ser fáciles. Ahora hay menos empresas que se dediquen a capacitar a entidades organizadoras (ahora se las denomina externas) y empresas para poder gestionar con garantías la formación a cuenta del crédito de formación.

Y en esas estamos. ¿Cómo reconocer al número uno? Al número uno se le reconoce por sus obras: por su pasión, entrega y entusiasmo en el desempeño de su trabajo.

El número 1 es quien:

Te presta servicios de calidad siempre y no te cuenta milongas.

Te forma, te asesora y te mantiene actualizado mediante circulares, a través del correo electrónico, teléfono, videoconferencia, audios y videos los 365 días del año (en 2020, los 366 días por ser bisiesto).

Cuando las cosas se ponen difíciles, no te dice que te gestiones tú las bonificaciones porque no quiere correr riesgos, sino que sigue prestándote el servicio.

Cuando precisas asesoramiento técnico, está ahí para atenderte con un servicio de primera mano.

Te envía la documentación actualizada, ¿sabías que el contrato de encomienda colgado en la página web de FUNDAE (fundae.es) es solo un borrador y debes adaptarlo y especificar ciertos extremos que no vienen en el propio borrador? Actualización que te evitará perder tiempo evaluando la vigencia u obsolescencia de un documento.

Revisa los cambios, no solo en la normativa, sino en la práctica de los organismos de control para prevenirte sobre los aspectos que tienes que observar para que nadie te encuentre falta en tu gestión.

Te advierte de que no solo hay que atender a la letra sino, principalmente, al espíritu de las normas para ser interpretadas correctamente.

Te aconseja y te ayuda cuando recibes un requerimiento de documentación por parte de los organismos de control, o una comprobación “no conforme”.

Te forma para que seas capaz de evaluar la rentabilidad para tu empresa de la formación que reciben tus trabajadores o los trabajadores de tus empresas clientes.

Te enseña a ir un paso por delante para disponer del margen de confianza que imposibilite tener problemas en la gestión de la formación.

Tú verás si te interesa estar con el número 1 o con el 3.

P.D. La formación bonificada pasó a denominarse, a partir de marzo de 2015, “formación programada por las empresas”. Como una declaración de intenciones o aviso a navegantes. La denominación es ambigua. Pero como el mecanismo es la bonificación, es decir, el descuento del importe de la formación en la cuota de la Seguridad Social, no se incurre en error al seguir denominándola “formación bonificada”. Pero a FUNDAE les gusta más el rótulo “formación programada por las empresas”. Ambas denominaciones son ambiguas porque, por ejemplo, las empresas programan mucha otra formación que no tiene nada que ver con el sistema de la bonificación. A favor de la etiqueta de “bonificada” está el hecho cierto de que muchas empresas la reconocen sin más explicaciones. Así está el asunto.

Cuenta con el número 1.

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