Maribel Verdú, la zona de confort y otras simplificaciones

Ley Yerkes-Dodson

Maribel Verdú es una actriz española de éxito. En un programa de TV ha declarado que estaba harta de la expresión “salir de la zona de confort”. Y remataba su hartazgo con una pregunta retórica, ¿quién quiere vivir con angustias, ansiedades, miedos, incertidumbres…? Las redes sociales se han hecho eco y el revuelo está servido. Es lo que ocurre cuando se sacan las cosas de quicio, es decir, cuando se simplifican o malinterpretan ciertas expresiones que han hecho fortuna.

Cuando algo se pone de moda, se presta a abusos y disfunciones. No creo que Verdú se refiera a estos excesos sino a la idea en sí. Que un concepto se utilice de forma matizada y correcta o desenfocada y con carácter simplificador depende de muchas variables personales. Desde luego, la traducción que hace de la frase nuestra actriz distorsiona su sentido genuino hasta hacerlo irreconocible. Para quienes nos dedicamos a la formación en el ámbito laboral, si los trabajadores no se desplazan de su zona de confort al espacio de aprendizaje; es decir, si nadie se sintiera urgido por adquirir nuevas habilidades, o actualizar sus conocimientos tecnológicos cambiantes, o prevenir riesgos en el entorno de trabajo; si no se mueven de la rutina, no hay formación. Así de contundente.

Por lo tanto, esta forma equivocada de entender lo que es la zona de confort que se manifiesta en las palabras airadas de Maribel Verdú y de otras personas es pariente cercana de la aurea mediocritas y, entre otras disfunciones, puede contribuir a promocionar el parasitismo social. Veamos por qué la idea de zona de confort se contrapone a zona de aprendizaje o de las oportunidades.

Zona de confort es un concepto psicológico que podemos definir como el espacio bajo control donde me siento aparentemente seguro y protegido con lo que sé y con lo que hago de forma cotidiana. Si yo me quedo, cómodamente sentado en mi sillón, me conformo con lo que tengo, con lo que conozco, etc., es decir, me acomodo en todos los órdenes, no seré capaz de percibir la necesidad de dar un paso hacia la zona de las oportunidades. En demasiadas ocasiones, zona de confort, es sinónimo de resignación y, en último término, de cobardía. Boicoteo, pues, mi propio desarrollo, mi propia competencia y, que me quede como estaba.

Lo contrario a la zona de confort no es vivir con angustias, incertidumbres, agobios, depresiones como dice la Verdú. Ni al que asó la manteca se le ocurriría una interpretación tal. Salir de la zona de confort es adoptar una actitud proactiva ante una nueva situación, aprendizaje, etc., y mucho más ante una circunstancia adversa; la actitud correcta no es abandonarse en manos de la fatalidad sino salir al encuentro de nuevas oportunidades que, si no me muevo de la zona de confort, nunca llegaré a conocer.

Y así llegamos al verdadero sentido de la expresión (zona de confort) que no tiene nada que ver con frases llamativas para conseguir lectores o excitar a la audiencia para conseguir la adhesión a un programa de TV.  Salir de la zona de confort es la actitud de quien valora el progreso porque no se conforma o resigna y se dedica a emprender, a descubrir nuevas oportunidades, a liderar nuevos proyectos útiles para uno mismo y para los demás. Quien rechaza salir de la zona de confort, también niega el emprendimiento, la positividad, el esfuerzo, las ganas de prosperar. Quien, ante una situación adversa no se resigna y, por lo tanto, afronta retos y busca nuevas oportunidades de trabajo está actuando con buen criterio; debe salir de su zona de confort para no cerrarse el paso.

¿Qué es la búsqueda activa de empleo sino salir de la zona de confort? ¿Cómo definir a la persona que se prepara, estudia materias de su competencia para ser un profesional de primera? Lo compruebo en mi especialidad donde veo profesionales que continúan gestionando la formación programada de FUNDAE siguiendo las “cuatro reglas” que aprendieron un día y no se preocupan de actualizar sus conocimientos, a pesar de que todo cambia y de que, si no se actualizan, llegarán los lamentos. Zona de confort versus zona de aprendizaje.

¿O la famosa actriz se refiere a una persona con las cuentas saneadas, con dinero y medios para aburrirse? Si es así, podría pensarse que mejor que no se mueva de su zona de seguridad. Pero… hasta los supermillonarios salen muy a menudo de su zona de confort y se embarcan en proyectos de los que desconocen el resultado final.

De manera que, claro que sí, que hay que salir de la zona de confort. Porque, entre otras cosas, ni lo bueno ni lo malo dura para siempre; todos somos vulnerables y, como dijo Pablo a los corintios: “quien esté de pie mire no caiga”. Torres bien altas han caído.

Notas y bibliografía:

Ley de Yerkes-Dodson, desarrollada por los psicólogos Robert M. Yerkes y John Dillingham Dodson en 1908. Según dicha ley el rendimiento aumenta con la excitación fisiológica o mental, pero solo hasta cierto punto.

En el acervo popular está bien entendida y extendida la idea de que hay que salir, de vez en cuando, de nuestra pequeña aldea cotidiana, al encuentro de un mundo más amplio, frecuentar otras culturas, interactuar con otra forma de ver la vida, etc. Y que esto es enriquecedor.

“Mamut o sapiens: Las diez inquietudes vitales para adaptarse y emprender”, Albert Riba Trullols.

DIALNET. “Salir de la zona de confort. Dilemas y desafíos en el EEES” (ámbito universitario). Anna Forés i Miravalles, Joan-Anton Sánchez i Valero, Juana María Sancho Gil

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